miércoles, 6 de enero de 2016

La miel en la Litera (y IV)


En esta cuarta entrega veremos una posible explotación apícola antigua y algunos colmenares de distinta entidad.
El primer conjunto que vemos en la ortofoto es un recinto cerrado entre dos estratos por varios tramos de muro con base arenisca y tapial, que es lo marcado en amarillo.
En su interior había una casita de dos volúmenes, en verde, y dos pequeños aljibes, aunque a su alrededor se encuentran varios diseminados.

Aquí lo vemos desde el norte.



Este es el cierre de poniente que es por donde estaba la entrada al recinto.


El terreno está ligeramente inclinado. En el estrato que lo cierra por el sur se encuentra uno de los aljibes.


La roca presenta una cúspide plana donde apreciamos uno de los canalillos del aljibe.


Desde aquí vemos la roca en la que se apoyaba la casita que presenta  marcas del envigado y una escala de acceso a la planta.

Otro canalillo colector se alarga por todo el flanco sur del estrato.



Mirando hacia el este vemos el cierre en ángulo y la situación de un segundo aljibe.


Y aquí el cierre por el lado este.


A pesar de la altura del estrato, este se prolongó con un muro de piedra sobre él. Y es esta anomalía una de las razones que me llevan a pensar que el cierre se construyó no para impedir la salida, sino la entrada desde el exterior.


También el estrato que cierra el lado norte se recreció con piedra y tapial, a pesar de su gran altura, que pueden comprobar en la imagen viendo los árboles al pie.



Y así con estos mimbres: no es una paridera, no hay rastro de explotación agrícola, tiene varios pequeños aljibes, tiene una casita de apoyo... me inclino a pensar que la función del muro era impedir la entrada en el recinto donde se asentarían las colmenas.
Todo son conjeturas, desde luego el desgaste meteórico del tapial ya indica que es muy antiguo. Y aunque esto no sea confirmación de nada, en uno de los estratos encuentro estas dos rústicas y abandonadas colmenas sujetas con piedras y losas.


El siguiente colmenar es fácil de localizar, se ve desde la carretera. Acceder sin escalera ya es otra cosa que dejo al riesgo que quiera asumir cada uno. Se puede por arriba bajando por una estrecha grieta o por una cornisa viniendo desde el oeste. En ambos casos si no vamos asegurados sólo nos caeremos una vez.


Muestra cuatro cavidades excavadas en el conglomerado donde se albergaban las colmenas sobre travesaños.


En la pared de la primera cavidad se ven claros los asientos de los travesaños.



Tapas de yeso de las colmenas.


En la tercera cavidad vuelven a verse los asientos de los travesaños.


Y en la cuarta los restos de dos colmenas distintas.


El tercer conjunto de muy facil acceso y albergaba varias decenas de colmenas. Su abandono es antiguo y a pesar de la solidez de sus materiales se halla ya muy degradado.


Cercado por un muro de piedra el colmenar estaba dividido en dos baterias comunicadas por una puerta.


Como en el que vimos en la segunda parte de esta serie, unos travesaños ya desaparecidos unían los muretes bajo un techado. Sobre aquéllos se disponían horizontalmente las colmenas.


Existe otro aunque ya muy destruido del mismo estilo que el anterior. Tan sólo un trozo de pared da la pista de lo que fue.



Un pequeño trozo y parte del recinto que lo cerraba es lo único que queda.


Sin embargo, muy cerca del anterior, un pequeño arnero se conserva en bastante buen estado visto que es el único hasta ahora fechado nada menos que en 1883.
Fue construido usando la técnica de las cabanas de volta y tal es su apariencia. Por una de éllas lo tomé duante mucho tiempo hasta que lo reconocí como arnero y entendí su configuración.


Junto a la puerta presenta cuatro ventanitas cuadradas, una de éllas colmada, que eran sendas entradas a cuatro colmenas.


Desde el interior podemos verlas junto a un pequeño murete de apoyo. En la pared se halla marca del travesaño que sostenía las superiores.



Aquí vemos la fecha de construcción moldeada en la bóveda.


Bóveda que se presenta lisa y sin clavo ni vástago alguno donde colgar nada, algo que es habitual en cualquier cabana falta aquí. La inexistencia de pesebre y sus exiguas dimensiones descartan todavía más su uso como cabana o refugio temporal.


Y hasta aquí la cuarta parte de esta serie sobre los restos de la producción apícola en la Litera, bien que seguro queda bastante por investigar.
No he incluído por tedioso los incontables lugares donde pequeños aljibes se hallan asociados a entalladuras para el asiento de las colmenas, correlación que se repite en muchos, algunos inaccesibles sin escalera.
De colmenas abandonadas hay fotos para un álbum entero y de recovecos con restos para otro que también he obviado pues se haría interminable.
Eugenio Monesma, en la última salida que hicimos para ver lagares rupestres en la Litera, señaló muy acertadamente que la miel era, con todo, un subproducto, y que el producto era la cera.
Y lo razonó en la necesidad que tenían nuestros ancestros de élla para alumbrarse y para los ritos funerarios y religiosos, cosa que bien mirado es más cotidiana y apremiante que el endulzar nada.

4 comentarios:

pallaferro dijo...

Rivi... Bon any!

Pues sí que catalogas cualquier "habitáculo abandonado"... Iglesias, masías, despoblados, cabanes de volta y colmenas!

Lo de que la producción principal fuera la cera, tiene su coherencia, pero no hay que olvidar que la miel so sólo endulza, sino que "alimenta mucho"!

Un abrazo,

Rubén Oliver dijo...

Bon any Pallaferro: Me autocito: "que la miel era, con todo, un subproducto,". Cuando digo "con todo", entiendo implicitamente que la miel es un alimento, medicamento y cosmético. Gracias por tu comentario.
Un abrazo.

asadoapicola dijo...

Rubén, ¿puedo agregar? LA MIEL,ha sido ampliamente estudiada por su gran cantidad de propiedades como antiséptico, fortificante, calmante, laxante, diurético y bactericida, y beneficios para el cuerpo humano; EL POLEN, que en su compleja composición contiene valiosas enzimas, vitaminas y minerales que hacen de él un complemento ideal para reforzar el sistema inmunológico especialmente en épocas de cambio de estación; EL PROPOLEOS, que es un antibiótico natural; LA JALEA REAL, que es un vigorizante excepcional; LA CERA, con mucho uso industrial y con la que está hecho hasta el cirio pascual. A veces los apicultores nos traemos unas cuantas picaduras, pero vaya paradoja, se ha descubierto que hasta LA APITOXINA es remedio eficaz para muchas afecciones articulares. No en vano se señala a la colmena como “la farmacia de la naturaleza”.

Rubén Oliver dijo...

Asadoapícola: Muchas gracias por su aporte, los comentarios también hacen crecer el tema. A mi particularmente nadie puede "venderme" los beneficios de un producto que consumo a diario. Sobre todo en invierno, que aquí es bastante crudo. Yo era un lego en el tema, como en casi todos, pero claro, una cosa lleva a la otra y vale la pena dedicar un tiempo a conocer el mundo este.
Cuento como anécdota que en una casa abandonada de mi pueblo la miel descendía del panal atravesando una planta por el enjambre mayúsculo que llevaba años allí. Muy cerca, en mi misma casa, sacamos no hace mucho uno que daba miedito, recogía las muertas a paladas...Pero el apicultor se hizo cargo y por ahí estará la reina con su corte.
Un abrazo.