viernes, 8 de enero de 2016

Arqueología vinícola en la Litera (III)

La Litera es la comarca aragonesa que más lagares rupestres registra, ahora ya tiene uno más. Creo que pasan de la veintena. El que ven bajo estas líneas fue descubierto por el que suscribe poco antes de finalizar el año 2015.


Se aprecia en la pisadora el corte en ángulo recto de la roca para darle forma. Forma y dimensiones que calcan las de los que vimos en la entrada anterior sobre el tema.


En la primera parte de esta serie vimos cinco tinas abandonadas en los campos. Tinas que iban asociadas a un cultivo del que no queda rastro alguno en kilómetros. Veremos tres "nuevas" en condiciones idénticas de abandono y circunstancias: nada hay salvo sus escasas ruinas que pueda hacernos pensar que allí hubo un viñedo.

La primera se excavó en el conglomerado y contaba con una caseta que la cubría, queda la pared que vemos, y una cavidad natural que se enmarcó con ladrillo y tapial. Se ven asimismo los asientos de un envigado junto a la misma.



La cavidad fue usada en su día como colmenar.


Como todas, la tina se situa en un desnivel del terreno.


Vemos aquí su interior alicatado.


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La segunda tina se situa en un lugar que fue casa, corral, y era. Quedan ruellos y un tiratrillo abandonados en la misma.


Para acceder a la era junto a la que se halla la tina, se trazó un camino que la rodea habiéndose de picar el zócalo rocoso sobre la que se asienta donde señala la flecha.




Desde la era vemos los escasos restos de la casa que muestra varios remozos que incluyen la piedra, el tapial y el ladrillo moderno.




En un extremo de la casa vemos la tina.


El alicatado ha sido expoliado hasta donde alcanza la vista.



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La tercera está entre el bosque, localización que ahora raya el absurdo, pero allí en su día se hizo vino.
En su fachada sur se aprecia también abundante remozo a lo largo del tiempo y mezcolanza de materiales.


La casa tenía cuatro volúmenes divididos en dos niveles con entrada propia cada uno.


Por la entrada este accedemos a un establo.



En la fachada norte está la entrada a las plantas.

La pared de adobe y la planta son un remozo de lo que originalmente fue un pajar de un solo volumen.


Aquí vemos la planta de habitación y por su derrumbe el establo.


En el muro hay dos cántaros insertados como este.


Y la tina cercana a esta planta con la que se comunica por un conducto cuadrado. Aquí también el alicatado ha sido expoliado casi al completo.


El conducto se cubre en el interior con una loseta.


Para terminar...

Cualquiera que siga minimamente este blog sabrá que me pirro por los grafitis antiguos. En el revoco de una de estas casas tenemos una muestra. Acceder a éllos es ya responsabilidad de cada uno, como siempre que se pretende andar entre ruinas.
Se distinguen dos manos, la posterior en el tiempo representa varias armas de fuego.


Armas disparando su munición.



Hay un sólo puñal.



Pistolas.


Anterior en el tiempo otra mano y con otro estilo grabó varias armas también.



Lo que parece ser la proa de un navío.


Y tres soldados con un tocado semicircular. Los tres muestran vaina de sable en el cinto y armas en sus manos. El que ven en la imagen es el más claro y va armado en su mano derecha.


¿Quien, por que y en que época se hicieron?...Pues...Como le decía el vinatero a su hijo: "Cuando te pregunten cómo se hace el vino, contéstales que a veces, con uvas ".

miércoles, 6 de enero de 2016

La miel en la Litera (y IV)


En esta cuarta entrega veremos una posible explotación apícola antigua y algunos colmenares de distinta entidad.
El primer conjunto que vemos en la ortofoto es un recinto cerrado entre dos estratos por varios tramos de muro con base arenisca y tapial, que es lo marcado en amarillo.
En su interior había una casita de dos volúmenes, en verde, y dos pequeños aljibes, aunque a su alrededor se encuentran varios diseminados.

Aquí lo vemos desde el norte.



Este es el cierre de poniente que es por donde estaba la entrada al recinto.


El terreno está ligeramente inclinado. En el estrato que lo cierra por el sur se encuentra uno de los aljibes.


La roca presenta una cúspide plana donde apreciamos uno de los canalillos del aljibe.


Desde aquí vemos la roca en la que se apoyaba la casita que presenta  marcas del envigado y una escala de acceso a la planta.

Otro canalillo colector se alarga por todo el flanco sur del estrato.



Mirando hacia el este vemos el cierre en ángulo y la situación de un segundo aljibe.


Y aquí el cierre por el lado este.


A pesar de la altura del estrato, este se prolongó con un muro de piedra sobre él. Y es esta anomalía una de las razones que me llevan a pensar que el cierre se construyó no para impedir la salida, sino la entrada desde el exterior.


También el estrato que cierra el lado norte se recreció con piedra y tapial, a pesar de su gran altura, que pueden comprobar en la imagen viendo los árboles al pie.



Y así con estos mimbres: no es una paridera, no hay rastro de explotación agrícola, tiene varios pequeños aljibes, tiene una casita de apoyo... me inclino a pensar que la función del muro era impedir la entrada en el recinto donde se asentarían las colmenas.
Todo son conjeturas, desde luego el desgaste meteórico del tapial ya indica que es muy antiguo. Y aunque esto no sea confirmación de nada, en uno de los estratos encuentro estas dos rústicas y abandonadas colmenas sujetas con piedras y losas.


El siguiente colmenar es fácil de localizar, se ve desde la carretera. Acceder sin escalera ya es otra cosa que dejo al riesgo que quiera asumir cada uno. Se puede por arriba bajando por una estrecha grieta o por una cornisa viniendo desde el oeste. En ambos casos si no vamos asegurados sólo nos caeremos una vez.


Muestra cuatro cavidades excavadas en el conglomerado donde se albergaban las colmenas sobre travesaños.


En la pared de la primera cavidad se ven claros los asientos de los travesaños.



Tapas de yeso de las colmenas.


En la tercera cavidad vuelven a verse los asientos de los travesaños.


Y en la cuarta los restos de dos colmenas distintas.


El tercer conjunto de muy facil acceso y albergaba varias decenas de colmenas. Su abandono es antiguo y a pesar de la solidez de sus materiales se halla ya muy degradado.


Cercado por un muro de piedra el colmenar estaba dividido en dos baterias comunicadas por una puerta.


Como en el que vimos en la segunda parte de esta serie, unos travesaños ya desaparecidos unían los muretes bajo un techado. Sobre aquéllos se disponían horizontalmente las colmenas.


Existe otro aunque ya muy destruido del mismo estilo que el anterior. Tan sólo un trozo de pared da la pista de lo que fue.



Un pequeño trozo y parte del recinto que lo cerraba es lo único que queda.


Sin embargo, muy cerca del anterior, un pequeño arnero se conserva en bastante buen estado visto que es el único hasta ahora fechado nada menos que en 1883.
Fue construido usando la técnica de las cabanas de volta y tal es su apariencia. Por una de éllas lo tomé duante mucho tiempo hasta que lo reconocí como arnero y entendí su configuración.


Junto a la puerta presenta cuatro ventanitas cuadradas, una de éllas colmada, que eran sendas entradas a cuatro colmenas.


Desde el interior podemos verlas junto a un pequeño murete de apoyo. En la pared se halla marca del travesaño que sostenía las superiores.



Aquí vemos la fecha de construcción moldeada en la bóveda.


Bóveda que se presenta lisa y sin clavo ni vástago alguno donde colgar nada, algo que es habitual en cualquier cabana falta aquí. La inexistencia de pesebre y sus exiguas dimensiones descartan todavía más su uso como cabana o refugio temporal.


Y hasta aquí la cuarta parte de esta serie sobre los restos de la producción apícola en la Litera, bien que seguro queda bastante por investigar.
No he incluído por tedioso los incontables lugares donde pequeños aljibes se hallan asociados a entalladuras para el asiento de las colmenas, correlación que se repite en muchos, algunos inaccesibles sin escalera.
De colmenas abandonadas hay fotos para un álbum entero y de recovecos con restos para otro que también he obviado pues se haría interminable.
Eugenio Monesma, en la última salida que hicimos para ver lagares rupestres en la Litera, señaló muy acertadamente que la miel era, con todo, un subproducto, y que el producto era la cera.
Y lo razonó en la necesidad que tenían nuestros ancestros de élla para alumbrarse y para los ritos funerarios y religiosos, cosa que bien mirado es más cotidiana y apremiante que el endulzar nada.